domingo, 26 de enero de 2020

Cómo fueron los duros días de Paul McCartney en una cárcel de Japón

En enero de 1980 el músico viajó a la tierra del sol naciente para encarar una gira con su banda Wings. Al llegar al aeropuerto de Tokio encontraron marihuana en su equipaje y terminó pasando nueve días en prisión. El ex Beatle trató de sacar provecho de la traumática experiencia y al recuperar su libertad dio un nuevo giro en su carrera

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El año 1980 empezó convulsionado en Japón. Los habitantes de la tierra del sol naciente siempre fueron grandes consumidores de la música de Occidente, pero ese año que recién comenzaba era particularmente especial ya que por fin, después de casi 15 años de impaciente espera, iban a poder ver en vivo a uno de los mayores exponentes del pop mundial. A los 16 días de haber iniciado una nueva década, Paul McCartney aterrizó en Tokio para hacer una serie de conciertos con su banda Wings. Sin embargo, la gira no llegó a concretarse porque fue detenido y encarcelado por las autoridades niponas. Lo que iba a ser su regreso triunfal al continente asiático se convirtió en una de sus experiencias más traumáticas.

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El último tour que hizo con The Beatles en 1966 antes de que la banda abandonara los escenarios tuvo una escala en Japón. Allí fueron recibidos por una entusiasta audiencia, pero también fueron amenazados por los sectores más tradicionalistas de la sociedad japonesa, por lo que su visita fue sometida a un riguroso operativo de seguridad. Muchos consideraron una falta de respeto que la banda se presentara en el Nippon Budokan, un estadio cerrado construido especialmente para las artes marciales. De hecho, ellos fueron los primeros en brindar un recital en este lugar que luego se convertiría en uno de los escenarios más prestigiosos del mundo, en donde grandes artistas grabarían clásicos álbumes en vivo, desde Bob Dylan hasta Ozzy Osbourne.




Los promotores de conciertos japoneses querían llevar a Paul a su país en 1975, pero la condena que recibió en 1973 por haber cultivado marihuana en su granja de Escocia se los impidió. Fue sentenciado a pagar una multa, pero Japón prohibía la entrada por siete años a todo aquel que tuviera antecedentes penales. Tras meses de negociaciones con las autoridades, la productora Udo Music logró que se le diera la visa al músico antes de que se cumpliera ese plazo para que Wings, ya en su sexta formación, hiciera una pequeña gira de dos semanas por ese país. Como condición, debía firmar una declaración jurada afirmando que ya no consumía cannabis.

Archivo:Paul McCartney 930-6404.jpg

El proyecto post Beatles de McCartney era muy exitoso en Japón. Las cien mil entradas que se habían puesto a la venta para los once conciertos programados –algunos de ellos en el Nippon Budokan- se agotaron rápidamente.


A todos los miembros de la comitiva de Wings se les advirtió que serían revisados minuciosamente al llegar al aeropuerto, por lo que debían abstenerse de llevar consigo cualquier sustancia considerada ilegal. Con el antecedente de Paul, la policía nipona estaría muy atenta a su equipaje, por lo que no había margen para correr riesgos. Llegaron en dos aviones distintos. La banda y el staff venían de Londres, mientras que Paul, su familia, y el guitarrista Laurence Juber habían viajado desde Nueva York. Después de saludar a las cámaras con su hijo James en brazos, fue sometido al control de la aduana. Para sorpresa de todos, solo el equipaje del ex Beatle fue inspeccionado con más meticulosidad.

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No fue necesario someterlo a un examen riguroso, sino que bastó con mover algunas prendas para que los agentes encontraran una bolsa de plástico con marihuana y un poco más en un neceser. “Cuando el tipo la sacó de la maleta, parecía más avergonzado que yo”, recordaría Paul más tarde. “No traté de esconderla. Venía de los Estados Unidos y todavía tenía esa actitud norteamericana de que la marihuana no es tan mala. No me di cuenta de lo estrictos que eran los japoneses”.

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Y efectivamente lo eran. Tanto él como Juber fueron llevados a salas de interrogatorio. Al guitarrista lo liberaron luego de que desarmara una guitarra con un destornillador para demostrar que estaba limpia, pero Macca fue trasladado a una comisaría en el centro de Tokio. Allí, la división antinarcóticos de la policía volvió a hacerle preguntas y durante cinco horas, en un inglés muy rudimentario, trató de sacarle una confesión. Él dijo que la marihuana era para consumo personal y que se la habían dado unos amigos, pero para las fuerzas de seguridad la cantidad de 218 gramos que llevaba consigo era suficiente como para acusarlo de contrabando o, peor aún, de tráfico de drogas.

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Poco importó que la gira de Wings fuera un acontecimiento nacional y mucho menos su fama. Paul McCartney había cometido un delito y debía ser sometido a un proceso penal. Como en Japón no existía la libertad bajo fianza, mientras se llevaba a cabo la investigación debía permanecer detenido.
Fue llevado a una celda que solo tenía una esterilla en donde dormir. Estaba totalmente aislado y no se le permitió el contacto con su esposa Linda ni con sus hijos. Atormentado por un fuerte dolor de cabeza, la primera noche que pasó en la cárcel fue una pesadilla. Estuvo toda la noche despierto, sentado contra la pared, con miedo de que alguien lo atacara por la noche y abusara de él.

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Mientras tanto, el resto de la banda se alojó en el lujoso hotel Okura, el mismo al que iban John Lennon y Yoko Ono cuando visitaban a la familia de la artista. Linda McCartney trató de mantener la compostura frente a sus hijos, que preguntaban por su padre, mientras era hostigada por los medios. Frente a las cámaras de televisión declaró: “De verdad, es una gran tontería. Aquí la gente es muy diferente. Se toman [la marihuana] demasiado en serio. Ahora Paul está detenido en algún sitio y no me dejan verlo. Tan pronto como consiguen atrapar a una persona amable como Paul, parece que estuvieran de fiesta. Nunca volveré a Japón. Ésta es mi primera y última visita”.

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Linda pudo encontrarse con Paul recién al segundo día de su detención, luego de haber sido sometido a un nuevo interrogatorio en el Departamento de Control de Narcóticos de la Policía de Tokio, lugar al que fue llevado con esposas y una soga atada al cuello. El sistema penitenciario japonés de esos años no se caracterizaba por su respeto a los derechos humanos. Aunque ya se había disculpado y había confesado todo, seguían indagando en su vida, sus ingresos y el consumo de drogas. “¿Hace que la música suene mejor?”, le preguntaron. También mostraron interés por su membresía a la Orden del Imperio Británico, condecoración que recibió junto al resto de The Beatles en 1965.

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Cuando se disponían a regresarlo a la comisaría, fueron rodeados por un tumulto de fanáticas que, reviviendo la Beatlemanía, gritaban su nombre. Hubo que llamar a la policía antidisturbios para despejar la zona. Esta escena se repetía en cada traslado y muchos seguidores se congregaron en el Budokan para pedir por su liberación.
Si bien tardaron en confirmarlo oficialmente, la gira había sido cancelada. En la biografía de McCartney que escribió Philip Norman, el baterista Steve Holley cuenta que en el camino del aeropuerto al hotel veían carteles de la banda “cada cincuenta metros”. “A la mañana siguiente –agrega- ya no había ninguno y toda la música de Wings había desaparecido de la radio”. Luego de unos días bajo estricta vigilancia, se decidió que el 21 de enero el resto de la banda abandonara el país.

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Casi todo el mundo manifestó su preocupación por la situación de Paul y siguió de cerca el proceso, orando por su liberación. El senador Edward Kennedy, el último hermano sobreviviente del ex presidente JFK, se comunicó con la embajada del Reino Unido en Japón manifestando su preocupación. Wings iba a tocar en su país a mitad de año y no quería que este incidente lo impidiera. Por su parte, los ex compañeros de Paul reaccionaron de diferentes maneras frente a lo sucedido. George Harrison envió un mensaje de apoyo, mientras que Ringo Starr se limitó a decir que se trataba de un hecho desafortunado. John Lennon, que siempre fue polémico y verborrágico, esta vez optó por el silencio.


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Tras las rejas
En el juzgado, Paul McCartney descubrió que de ser declarado culpable podría enfrentar una pena de hasta siete años de prisión con trabajos forzados. El juez, dando lugar al pedido del fiscal, dictaminó que el artista permaneciera recluido mientras se llevaba a cabo el proceso judicial. Fue trasladado a la cárcel de Kosuge, en el centro de la capital, donde pasó una semana con algunos de los criminales más peligrosos de Japón.

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En la prisión permaneció confinado en una celda de poco más de tres por cuatro metros. Estaba solo y se le prohibió leer y escribir. En vez de darle el clásico uniforme de presidiario, lo dejaron con el mismo traje que tenía puesto cuando aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Narita. Recién a los tres días en cautiverio descubrió que podía pedir un cambio de ropa.

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Su rutina comenzaba a las seis de la mañana. Debía sentarse en el suelo con los otros internos mientras pasaban lista. Cuando llamaban al número 22 él debía responder al grito de “’¡Hai!” (“¡Sí!”). Después de limpiar su habitáculo y ser sometido a una inspección, desayunaba un cuenco de sopa de algas y cebolla. En el almuerzo tomaba una sopa de soja acompañada con pan y para cenar le daban arroz con una manzana o una naranja. La comida vegetariana fue el único pedido especial que hizo a las autoridades penitenciarias. El día terminaba a las ocho de la noche, cuando se apagaban las luces.
En Wingsman, un documental hecho para televisión producido por Mary McCartney, el músico le contó a su hija el secreto para sobrellevar ese momento: “Mi instinto natural de supervivencia y mi sentido del humor empezaron a aparecer. Pensé: ‘Seré el primero en levantarme cuando se enciendan las luces, el primero con su celda limpia, el primero que se lava y se cepilla los dientes’”. Para empezar a comunicarse con el resto de los reclusos, gritó nombres de marcas japonesas, como Toyota, Kawasaki o Datsun, y los demás le respondían “¡Johnny Walker!”.

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El único momento en el que los internos socializaban cara a cara era durante la mañana, cuando se les permitía fumar dos cigarrillos por día alrededor de una lata de aluminio donde dejaban las cenizas. Allí conoció personalmente a la persona que se encontraba en la celda contigua -un estudiante marxista que estaba preso por drogas y que hablaba un poco de inglés- y a un miembro de la mafia sentenciado por homicidio que le pidió que cantara “Yesterday”. A pesar de las advertencias del guardia, Paul terminó interpretando a capella cuatro canciones. Luego de ese episodio, se ganó el respeto de todos, se sintió más seguro y se animó a bañarse en las duchas comunales, donde invitó a todos a cantar algunos standards.
A Linda la pudo ver una vez más, al sexto día de su confinamiento. Su esposa le llevó ropa limpia, mantas, comida y novelas de ciencia ficción.

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Para Philip Norman, la experiencia en la cárcel fue liberadora para el ex Beatle. “Después de tantos años de poder y libre albedrío ilimitados […] casi llegó a disfrutar de la sombría sencillez, soledad y absoluta indefensión de su vida en la cárcel. […] Lejos de una penitencia, le resultó un alivio librarse de los innumerables símbolos y ceremonias que implicaba ser Paul McCartney”, reflexiona el biógrafo del músico.


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Advirtiendo la mala imagen que estaba dando al mundo, el gobierno japonés comprendió las implicancias de llevar a McCartney a juicio y tras nueve días de encierro fueron desestimados todos los cargos en su contra. Consideraron que ya había confesado todo, que había demostrado arrepentimiento y que el tiempo que había estado en la cárcel había sido suficiente castigo.

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El 25 de enero, Paul fue puesto en libertad y deportado de inmediato, pero antes firmó autógrafos para sus carceleros y le devolvieron todos sus efectos personales, excepto el anillo de bodas, que alguien había sustraído. En el aeropuerto fue conducido al primer vuelo de Japan Airlines disponible, por lo que Paul y su familia terminaron en Amsterdam. Antes de subir al avión, tomó una guitarra acústica y cantó unas estrofas de “Yesterday”.

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En libertad
Si bien la explicación oficial fue que al provenir de Norteamérica, donde la postura sobre el consumo de drogas era más laxa, el músico no reparó en las advertencias que había recibido sobre las leyes japonesas (según él, lo que había fumado era “demasiado bueno para tirarlo en el inodoro” y por eso lo guardó en su equipaje), lo cierto es que todavía ni él tiene claro por qué cometió tamaña imprudencia. En Wingspan admite que se comportó como un “estúpido” y se pregunta: “¿Cómo es posible que Linda, que era mucho más lista que yo, me permitiera hacerlo? Probablemente le dije que no se preocupara y que todo iría bien”.

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Más allá del altísimo costo económico que generó el incidente (la productora de la gira fue indemnizada con casi 184 mil libras y los costos de hotel de la comitiva ascendieron a 10 mil libras diarias), la estadía de Paul en la cárcel derivó en la ruptura de Wings. Se sintió abandonado por sus compañeros de banda, que se habían marchado del país por pedido expreso de los organizadores. Ellos, por su parte, observaron su comportamiento con desdén. Los conciertos en Japón iban a representar ganancias importantes para todos y debido a su cancelación no obtuvieron nada. Denny Laine, histórico guitarrista del grupo, formó un grupo con su mujer Jo Jo y el baterista Steve Holley y grabó un simple que tituló, inspirado en este episodio, “Japanese Tears” (“Lágrimas Japonesas”).


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Al regresar a Inglaterra, Paul puso a Wings en pausa, decidió postergar el tour por los Estados Unidos (ignorando los deseos del senador Edward Kennedy) y aprovechó para editar su segundo álbum solista, McCartney II, que incluía un instrumental llamado “Frozen Jap” (“Japonés Congelado”). “Jap” es un término peyorativo y, si bien la canción había sido grabada un año antes de lo acontecido en Japón, el pueblo nipón no pudo evitar vincularlo con su detención y se sintió ofendido. Por si fuera poco, la promesa de reprogramar la gira nunca se cumplió y los fanáticos japoneses recién tuvieron la oportunidad de verlo en vivo en 1990, en el marco de la presentación del disco Flowers In The Dirt. Fueron seis conciertos en el Domo de Tokio y Linda, pese a lo que había expresado frente a las cámaras, fue parte de ese regreso.

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A modo de catarsis, el ex Beatle decidió volcar en un pequeño libro la experiencia que vivió en prisión. Bajo el título Japanese Jailbird (Preso Japonés), fue editado de forma privada y cada uno de sus hijos recibió un ejemplar para que lo leyera en su adultez. Mientras él esté vivo, esa obra, que su hija Stella eligió entre sus cosas para llevar a una isla desierta, permanecerá inédito para el público.

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Como miembro de la banda más popular de la historia, Paul McCartney tuvo muchas vivencias. Incluso como estrella de rock varias veces tuvo problemas con la ley. Sin embargo, los nueve días que estuvo preso en Japón fue una de sus experiencias más extremas. Ni siquiera John Lennon, mucho más rebelde y comprometido políticamente que él, tuvo que pasar por algo semejante. Afortunadamente, Paul se lo tomó como algo liberador, lo que le permitió dar otro giro en su trayectoria. A partir de ese momento dejó atrás todo intento de formar un grupo y se concentró en su prolífica carrera solista.


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sábado, 25 de enero de 2020

Si tienes el calendario de los Beatles de 1964, puedes usarlo este 2020

El calendario gregoriano, que es utilizado por la mayoría, tiende a repetirse cada 28 años, por lo que si tienes alguno de 1992 o 1964 entonces puedes sacarlo este año. Esto significa que todos los días de la semana coinciden, incluidos los posibles días bisiestos. 

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"El único patrón del calendario es que se repite cada 28 años. Se repite en ese intervalo porque 28 es el mínimo común múltiplo de 4, lo que dura el ciclo de años bisiestos, y 7, los días que tiene la semana ", destaca un artículo del Museo de Ciencias y Artes Aplicadas de Sidney, en Australia.

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El calendario más famoso de 1964

En 1964 uno de los calendarios más famosos entre los jóvenes fue la edición de la banda británica “The Beatles”, quienes conquistaron ese año Estados Unidos gracias al sencillo: ‘I want to hold your hand’.
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Si eres de los que todavía guarda este calendario, donde cada mes es ilustrado por alguna foto de los cuatro "fabulosos" de Liverpool, entonces corre a sacarlo.
En este calendario se puede apreciar las imágenes de John Lennon, Ringo Starr, Paul McCartney y George Harrison cuando tenían veintitantos.

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jueves, 7 de febrero de 2019

El día que Los Beatles pisaron por primera vez los Estados Unidos y provocaron furor

La llegada de Los Beatles a los Estados Unidos, en febrero de 1964, no pasó desapercibida. Todo lo contrario: provocó un shock en los jóvenes fanáticos del rock y también en los propios integrantes. John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr se presentaban por primera vez en la cuna del rock. Figuras como Elvis Presley o Chuck Berry habían marcado el interés en estos cuatros chicos de Liverpool por este género revolucionario.

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No fue fácil para el grupo. Hubo que hacer un trabajo previo para cumplir el objetivo. En marzo de 1963, Los Beatles habían lanzado su disco debut, Please Please Me, con éxitos como "Love Me Do", “I Saw Her Standing There”, y el que le dio nombre al álbum. Muchas de esas primeras canciones se habían grabado en Abbey Road, en una maratónica jornada que dejó exhaustos a los músicos. La buena repercusión del público y de la crítica especializada, llevó al manager de Los Beatles, Brian Epstein, a planear el desembarco del grupo en los Estados Unidos.

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Se puso en contacto con la subsidiaría de EMI en dicho país para elaborar un plan de acción y lograr que las canciones del cuarteto sean editadas. "La respuesta no fue buena: no querían publicar sus canciones ya que encontraban que el sonido del grupo no era el adecuado".

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Epstein no bajó los brazos y negoció con algunos pequeños sellos, pero la respuesta tampoco fue la esperada y los temas no sonaron mucho en las radios. En ese tiempo, Del Shannon, un rockero estadounidense de la época, descubrió a Los Beatles en su gira por Inglaterra. El artista imaginó que podrían llegar a ser exitosos en su país. "Shannon decidió hacer un cover del tema de Los Beatles, 'From Me To You', que entró en las listas, pero no llegó muy lejos", recordó Blanco.

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Pero todo cambió en 1964. El 10 de enero se conoció el primer disco del grupo en los Estados Unidos. Su salida estaba prevista para julio de 1963 pero por problemas legales se retrasó. Fue publicado por Vee-Jay Records días antes de que lo hiciera Capitol Records con el disco Meet The Beatles!

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Los sellos discográficos chicos trataban de publicar los nuevos temas que llegaban de bandas desconocidas del Reino Unido. Por problemas legales tuvo algunos cambios en el listado de temas: la discográfica sustituyó “Love Me Do” y “P.S. I Love You” por los temas “Ask Me Why” y “Please Please Me”. La nueva versión fue preparada a finales de enero y llegó a las disquerías el 10 de febrero de 1964.

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Finalmente, la discográfica de la banda publicó "I Want to Hold Your Hand", una canción con el sello Lennon-McCartney, que llegó a todo el mundo, y en especial, a los Estados Unidos, donde llegó al primer puesto de los ránkings. El 7 de febrero, John, Paul, George (había estado antes en el país visitando a su hermana) y Ringo pisaron suelo estadounidense.

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La campaña de promoción había sido importante y una multitud de fans esperaron a los músicos en el aeropuerto. "Se desató una locura. Los norteamericanos no habían vivido algo igual. La única experiencia que conocían era la de Elvis, con el nacimiento del rock, una década antes. Por aquellos días, el género se había enfriado, y el público descubrió que la novedad venía de Inglaterra. El país había quedado muy triste luego del asesinato de John Kennedy".

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A Los Beatles le salió todo redondo. Se empezaron a editar sus canciones con muy buena respuesta. El grupo se presentó el 9 de febrero en el famoso programa de Ed Sullivan, hecho que marcó un antes y un después. La emisión fue vista por una audiencia estimada de 73 millones de personas. Cuenta la leyenda, que esa noche bajó el índice de delincuencia en Nueva York. Los ladrones también siguieron por televisión el show.

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En aquella primera actuación ante las cámaras sonaron "All My Loving" y "Till There Was You". El conductor había pedido que las primeras canciones no fueran muy rápidas para no enloquecer al público que se encontraba en el estudio. Los nombres de los músicos aparecieron escritos en la pantalla durante el recital, con la curiosidad que cuando enfocaron a John, se pudo leer: “Lo sentimos chicas, está casado". También sonaron "She Loves You", "I Saw Her Standing There" y "I Want To Hold Your Hand".

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El domingo siguiente a aquel debut, el 16 de febrero, Los Beatles volvieron a estar en el programa de Sullivan, desde el Hotel Deauville de Miami, y ante una audiencia estimada en 70 millones de personas. Luego tuvieron una tercera presentación grabada. Más allá de las cámaras, Los Beatles brindaron algunos shows como el del 11 de febrero, en el Washington Coliseum ante una multitud que no paró de gritar y bailar.

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Los jovenes rockeros aprovecharon para conocer a distintas personalidades del momento. Uno de ellos fue Muhammad Ali, todavía llamado Cassius Clay, a quien visitaron en un gimnasio mientras se preparaba para su combate con Sonny Liston, por su primer campeonato mundial. El boxeador ya daba que hablar con su particular estilo.

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Los Beatles habían conseguido su gran objetivo: triunfar en la tierra de sus ídolos. "Fue una tremenda locura para ellos. Con viajes de un lado para el otro, poniendo en riesgo su seguridad con miles de fans que seguían sus pasos. Todo se multiplicó por diez", ese primer paso también permitió el desembarco de otros importantes artistas británicos, como Los Rolling Stones. Pero esa es otra historia.

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miércoles, 30 de enero de 2019

LOS BEATLES: EL ULTIMO CONCIERTO CONTADO POR ELLOS MISMOS

Los Beatles, con Billy Preston , dieron su última actuación en vivo en el edificio Apple en 3 Savile Row, Londres, en lo que se convirtió en el clímax de su película Let It Be.

Este es el concierto contado por ellos mismos:


George:

“Fuimos a la azotea para resolver la idea del concierto en vivo, porque era mucho más simple que ir a cualquier otro lugar; Además, nadie había hecho eso- lo habían hecho Jefferson Airplane- , por lo que sería interesante ver qué sucedió cuando empezamos a jugar allí. Fue un bonito pequeño estudio social.

Instalamos una cámara en el área de recepción de Apple, detrás de una ventana para que nadie pudiera verla, y filmamos a la gente que entraba. La policía y todos entraron diciendo: ‘¡No puedes hacer eso! Tienes que parar”.


Lo que cuenta Ringo:

“Había un plan para tocar en vivo en algún lugar. Nos preguntábamos a dónde podríamos ir: ‘Oh, el Palladium o el Sahara’. Pero hubiéramos tenido que tomar todas las cosas, así que decidimos: ‘Levantémonos en el techo’. Hicimos que Mal y Neil pusieran el equipo en el techo e hicimos esas huellas. Recuerdo que hacía frío, viento y humedad, pero todas las personas que miraban desde las oficinas realmente lo disfrutaban.


El ayudante, en aquel entonces, Alan Parsons:

“Ese fue uno de los días más grandes y más emocionantes de mi vida. Ver a los Beatles jugando juntos y obtener comentarios instantáneos de las personas que los rodeaban, cinco cámaras en el techo, cámaras al otro lado de la carretera, en la carretera, fue simplemente increíble.



El ingeniero Dave Harris:

“Había gente en los balcones y en las ventanas de todas las oficinas. La policía estaba llamando a la puerta, ¡George Martin se puso blanco! Realmente queríamos detener el tráfico, queríamos explotar todo el West End …”



Lo que dijo Paul Mc Cartney:

“Fue muy divertido, en realidad. Tuvimos que instalar los micros y hacer un show juntos. Recuerdo haber visto a Vicki Wickham de Ready, Steady, Go! en el techo opuesto, por alguna razón, con la calle entre nosotros. Ella y un par de amigos se sentaron allí, y luego las secretarias de las oficinas de abogados de al lado salieron también 

Decidimos revisar todo lo que habíamos estado ensayando y grabarlo. Si conseguimos una buena versión, entonces esa sería la grabación; si no, usaríamos una de las tomas anteriores que habíamos hecho en el sótano. Fue muy divertido porque estaba al aire libre, lo cual era inusual para nosotros. No habíamos tocado al aire libre durante mucho tiempo.


Era un lugar muy extraño porque no había público a excepción de Vicki Wickham y algunos otros. Así que jugábamos virtualmente a la nada, al cielo, que era bastante agradable. Filmaron abajo en la calle, y había muchos hombres de la ciudad mirando hacia arriba: “¿Qué es ese ruido?”


Y sigue Paul:

“Al final comenzó a filtrarse de Mal que la policía estaba quejando. Dijimos: ‘No nos detendremos’. Dijo: La policía te va a arrestar. ‘Buen final a la película. Que lo hagan ellos. ¡Genial! Eso es un final: “Beatles Busted en Rooftop Gig”.

Continuamos llegando al final amargo y, como digo, fue bastante agradable. Tenía mi pequeño bajo Hofner, muy ligero, muy agradable de tocar. Al final, el policía, número 503 del Gran Consejo de Westminster, dio la vuelta por la espalda: “¡Tienes que parar!” Dijimos: ‘Haz que nos saque de allí. ¡Esto es una demostración, hombre!. Creo que se desconectaron los amplificadores y ese fue el final de la película.”


Y Ringo:

“Siempre me siento decepcionado por la policía. Alguien en el vecindario llamó a la policía, y cuando se acercaron yo estaba tocando y pensé: ‘¡Qué bien! Espero que me arrastren. Yo quería a la policía a arrastrarme – ‘! Bajar esos tambores’ – porque estábamos siendo filmados y se vería realmente bien, pateando los platillos y todo. Bueno, no lo hicieron, por supuesto; simplemente llegaron torpemente: ‘Tienes que apagar ese sonido’. Podría haber sido fabuloso”.


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